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Sigue siendo azul el pensamiento

el silencio que acompaña la noche

con una luna brillante y oculta

tras la niebla que entristece mis ojos.

 

Como luces que alumbran latidos

sin sentido ni camino

azul como los ojos

que se han quedado dormidos.

 

Me miraban con ternura

me perdía en ellos y sonreían

ocultando tu pena tras la neblina del alma

tal vez del corazón o la vida…

¡y extraño tu sonrisa! … ¡te extraño tanto!

 

Que mis ojos se llenan de perlas trasparentes

te recuerdo y busco tus manos

para que sujeten las mías

mientras me mira el cielo azul de tu mirada

¡y bromeas! como si de verdad naciera la alegría.

 

Es todo azul desde que te fuiste

es todo noche y silencio

ríos desbordados por los ojos

y sangre retorciéndose en las venas.

 

Duele¡, duele tanto la ausencia!

cuando sabes que ni el tiempo…

te traerá de vuelta

que solo te encuentro en los recuerdos

en el sentir de tu propia esencia.

 

Es azul la sonrisa que murmulla en mis labios

negra la noche de la tristeza

abrázame desde el cielo ¡abrázame fuerte!

¡te extraño tanto! que apenas puedo escribirte estas letras.

 

Se nubla la luna en mis ojos

y lloro el rocío de la mañana

¡y volveré a buscar tu risa!

tus besos, tus manos…

tal vez me guiñe el ojo una estrella

con el azul de tus ojos, con el azul de mi pena.

 

Cae la noche, sobre ese campo solitario

erguida la flor peleando contra el viento

y aguanta y aguanto, y te quiero

valiente heredera del miedo.

 

Una flor azul … tu recuerdo

tu risa, mi llanto, el silencio

¡y te quiero! y nunca me cansare de hacerlo

aunque sé que ya no te veré y espero…

que me abrigues cada noche con tus besos.

¡Papá!

 

 

 

©Maria Luisa Blanco