Es la sangre medrando por los cauces de la amargura
es el silencio el que más habla y acusa
!La dignidad! ese algo que no se quiere perder
aún cuando las palabras ajenas fustigan tu piel
hasta hacerte sangrar el alma.

En esta poca fe, nada se sustenta
martillazos al corazón acobardado
latido a latido resucitando.

!Es la sangre! el líquido rojo que se enciende en las venas
la ira sin la razón
que nadie quiere comprender
!Ponte mi piel! y sufre mis desvaríos
calza mis zapatos y llora mis lágrimas.

En esta calma fingida de noche eterna
hasta la luna me atropella con su mirada
mientras me canta esa nana al desconcierto
es roja la piel de las amapolas…

!Y sigues ahí! mirando a escondidas mis pasos
buscando el momento de la siguiente zancadilla
o como arrancarme por la espalda la última arteria.

!Y me miras! como si fuera ese espantapájaros
que asusta a los gorriones
!Y me juzgas! sin mirar tus pecados
y sigues pecando con injurias.

No quiero ser ni tú, ni nadie…
apenas quiero ser yo
en este mundo de hipócritas, que te dan la mano
te ponen de rodillas, mientras te azotan con ansia reprimida
esa alma blanca, sin alas ni vuelo.

Esa que vas rompiendo con tus palabras
de roja sangre e ira desmedida
infraestructuras de lo absurdo
vivir, un precio inalcanzable…

Cuando caminas descalzo, por un volcán en llamas
cuando caminas, solo por caminar
triste e incomprendida…

© María Luisa Blanco