Etiquetas

 

 

Caía despacio la noche, entre sombras
entre la imagen gastada de ayer
grises instantes descoloridos
el árbol viejo acuna aun sus hojas
quizás sus retoños esperan la primavera.

El muro que tantas veces salte a tu encuentro
siempre escapando a lo desconocido
descubriendo cada instante de una hora, contigo
desnudando los sueños, las sonrisas
y el dulce cosquilleo de un te quiero
lleno de ternura.

Y hoy he vuelto al pasado, y miro esa puerta vieja esperando a ser abierta
así como un corazón herido, roto y aun esperanzado
¡como esperando! escuchar tu voz diciendo ¡vamos!
o al sobresalto de aquellos sustos que despertaban tu sonrisa
mientras yo fingía enfado para que te acercaras a mis labios.

Por esa ventana nunca pasaba el tiempo
entre ensueños y bellos paisajes
¿y me pregunto? a que he vuelto otra vez,
a este ayer detenido, ni tú, ni yo, recorremos ya esos senderos
¡y han ensordecido los ruidos!, las sonrisas, la alegría.

Cuántas veces subimos esos peldaños, con los ojos cerrados
cuantas me robaste un beso
haciéndome la interesante, la atrevida u ofendida
cuántas veces nos juramos amor, contando las mismas estrellas
y cuanto te amé, cuanto y mucho más…aun te amo.

La mirada de ese felino, silueta perfecta de la rebeldía
del dulce ronroneo, de su soledad en espera
y yo sigo esperando, en esa mansión antes alegre,
estaba tan llena de nosotros, del amor de muchos
que fácil era soñar a tu lado…que fácil recostarme en tu pecho
y sentir el júbilo de tus latidos.

Que gris esta el día, amaga recuerdos tardíos
mientras se asoman mis lágrimas tempranas
sí, te amaba, te amaba más que a mil vidas juntos
mas que al universo que vivía en tus ojos
sí, te amaba, sí, aun te amo, creo que siempre te amare.
como a nuestros recuerdos, de esa casa ahora vacía.

Y aun oigo tus pasos y tus risas
¡cuantas veces amor! amanecíamos sentados en esa escalera
y nos cubría la noche de verano, de deseos de amarnos
junto al canto de algún grillo despistado
¡o tan sólo! se unía a nuestra alegría.

Y miro con los ojos de la tristeza, las flores del tejado
la casa de nuestra juventud, que aun guarda nuestros secretos
la desnudez de nuestra primera vez
la ternura de un instante apasionado.

¡Y miro con los ojos de la tristeza!, el deterioro de mis manos
el temblor de una caricia adentrándose en tu alma
la sonrisa que deje en tu corazón tatuada, para ahuyentar tu llanto
¡y te extraño! en este lugar, donde el tiempo nos hizo mayores
y la adolescencia nos hizo inseparables, infinitos amantes.

Si, te sigo amando, tanto y mucho más…
aunque la memoria se ha quedado viviendo,
en una eterna primavera
en un nuevo renacer, contigo.

Y tengo el paso torpe cariño
y la sonrisa ajada cual margarita deshojada
y el corazón suena a un ronroneo desafinando
¡quizás me hice mayor! fuera de tus brazos
¡y siento la ausencia de tus besos!, y aun te llamo,
cuando cierro los ojos y despierto, tan sola.

Y sigo contemplando nuestra casa de niños,
de jóvenes amantes,
de amores irrompibles,
y mi piel se estremece
y mis ojos se han nublado.

¡Toma mi mano! y llévame despacio
a ese lugar de donde nunca se vuelve,
para amarnos en la eternidad de un instante,
en el sentiento! este tan grande!, de mi loco corazón.

¡Vuelve amor!, ámame antes de que la noche,
rompa mis sueños
y el maullar de ese gato lastimero, me recuerde
que el ayer murió, llevándose nuestro hoy
en esa mirada triste, de este paisaje gris y envejecido.

Aunque te amo y te siento
en lo intangible de esta alma mía…tan afligida.

¡Ay amor! te estoy escribiendo con el alma
con el suspiro más profundo de mi corazón
ahí donde siempre estas y te amare, sin importar,
si el tiempo ha pasado, dejándonos ahí…en ningún lugar.

Te amo en cada destello de una mirada
en cada sonrisa
que sigue escribiendo tu nombre, tan enamorada.

©María Luisa Blanco