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¡Perdonar! si no quiero hablar con nadie

si el tiempo me ha vencido

y la vida es un trago amargo, que te hace perder la cabeza

como un elíxir de mentiras en un tiempo perdido.

Recapitular por los falsos pasos de la felicidad

la sonrisa alegre, ahora rasgada a corte de navajas

y llorar como si un ser extraño se apoderara, de mis lentas sonrisas.

¡Silencio!, que quiero hablar con el fondo de mi nada

enterrar tranquilamente los sentimientos

que me hicieron cobarde ante la vida

y correr siempre tropezando, por un mundo de sueños.

Donde no se camufla ni el dolor ni la verdad

donde las hadas tan solo son margaritas ajadas

y el cielo nubes blancas, grises en mi mirada

y lloro y no sé por que…

Y aún sabiéndolo ¡que importa!  si solo quiero el silencio

y morir un poco en mi niñez

y ver como decaen los otoños, hoja a hoja en el corazón

como latidos arrastrados sin valor.

¡Perdonar! si alguna me voy buscando otro camino

donde el silencio solo es el final y nunca el principio

perdonar mis incongruencias, por que aun no me entiendo

¡y por que nunca estaré en mi lugar! cuando me necesiten.

Y no puedo correr, ni cerrar los ojos, ni abrirlos en otra dimensión

quizás el silencio debe morir a mi lado

quizás me de la explicación de una vida sin sentido

quizás tu silencio, seas mi único amigo…

Por que nunca has de juzgar mis hechos

 mis pensamientos, mi desnudez ante el cariño, mis sentimientos.

quizás este narcotizada en las horas de la cordura

y beba sin anestesia la locura.

Perdonar, por este cansancio que se apodera de mi espíritu

 esta desgana que no me permite hacer milagros

y todo cae a mí alrededor, como esqueletos guarecidos del silencio

sin piel, sin alma, sin una caricia o un beso frio.

Donde ayer trajinaban de aquí para allá, y amaban, y destrozan la ira de la vida

si yo pudiera ser el escudo de todos vuestros males

o la solución a esta enfermedad traidora, y no entiendo

¡Y me quedo impávida llorando! mis lágrimas amargas.

Y no resucitan tu memoria y me duele, me duele tanto

como a un simple mortal

 que no puede robar tu dolor, ni dejarlo enterrado en el alma

como una flor capullo indolente de la vida.

Perdonar, si alguna vez me vence el dolor

y no quiera quedarme a contemplarle

ni mirar de frente el egoísmo en vuestros ojos

¡Perdonar! por que he caminado años…

y sigo sin entender nada.

Silencio, hazte aliado de mi tristeza

y que acabe esta pesadilla

donde mis pasos de plomo fundido

ya no me dejan caminar.

Y besa el castigo de mi alma, mis labios fríos

y los pecados de mi corazón

quizás tan solo por que amé sin comprender

el sentido de nada.

Cierra mis labios, quema mis palabras

y ayúdame a dormir

con la nana de las despedidas, silencio.

                ©María Luisa Blanco

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