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Ruedan por mi rostro

las caricias de unas lágrimas

sin brillo

no lloro

me despido.

De este vacio

que ahoga mi alma

los sentidos

que ya no perciben

el olor de las rosas.

Las gotas de sangre

que derraman sus espinas

en un corazón roto.

En las palabras del olvido

en el recuerdo herido

y el amor se marchó

entre ilusiones viejas.

O yo no existo

en las preocupaciones

de sobrevivir

fuera de todo y de la nada.

Ruedan añoranzas

que me hablan de ti

de un hoy sin ayer

la melancolía me abraza

sin tus brazos.

Las palabras suenan lejanas

en las celdas de mi locura

y aun dañan

con extraños sentimientos.

No pronuncian te quiero

no quiero escuchar el silencio

que transita en mi alma con tu nombre.

No existes, nunca exististe

aunque te busquen los enamorados

la piel de la pasión

cubre sus labios.

Estoy buscando mi tiempo

en cajones desordenados

fotos que delaten mi existencia

la juventud abandonada

la vejez adelantada.

Para ser arrasada

por la oscuridad de la noche

con tu manto de muerte

arrópame del frio

y coseré rayos de luna

en tus huesos.

Mirame, no bajaré mis ojos

torbellinos de tiempo

parpadean historias

provocando

el beso frio del adiós.

Algún dia, espera

aun no escribí la historia

de sonrisas llenas

y tiemblan mis labios

como pétalos arrancados

¡y no es miedo!

Es el otoño

que se pierde en mis manos

para nunca florecer en primavera.

Seré tierra

o cenizas

o el amor que pasó

sin dejarme una caricia

para llorar

una eternidad maldita.

Si no soy…cómo seré

la huella que no perdura

y buscas

en los ecos lejanos

de la vida que sigo rompiendo

con mis manos.

Coge mi llanto

y bautiza mis horas

deja mi corazón en las sombras

con una rosa azul.

Y despídete

sin pronunciar adiós.

Mª Luisa Blanco

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